E S K I Z O

No te das cuenta de que soy un jodido genio o que?
y entones porque no me hablas?
por que  no respondes a mis mensajes?
a que juegas?
Te aviso
me e metido
rubifen
quizás te mate
quizás me
y que?
no hables
es tarde
ves esa botella de vodka?
ábrela,
dámela,
vete.
llévate tus labios
y tu culo
y no vuelvas
crees que no hay mas putas
que se toquen pensando en mi polla
después de que les recite al oído?
enserio crees
que eres la única?
estas loca
y yo
tengo un problema
dos
tres
cuatro
y muchos demonios
en mi cerebro
que juegan conmigo
y  no me dejan ser yo
porque prefieren ser ellos
y lo entiendo
tu lo entiendes?
claro que no
que vas a entender
solo quieres apuntar el nombre
de otro artista mas
en tu lista
pero yo no soy un artista mas
entiendes
yo estoy maldito
y bueno
quizás algún día me de igual todo
y te clave unas tijeras
en el cuello
mientras sonrió
pero no temas
el bajón del rubifen ya llega
y yo tengo que salir
y buscar
algo
con
lo
que
calmarme
y espero que estés
cuando vuelva
y espero
que solo lleves puesto un tanga.

Mr. G.

Poema de una lagrima

Cuando todo falla

Cuando nadie vende

Cuando todos callan

Cuando nada vale

Cuando todo lo aborreces

Cuando nada sirve

Cuando todo es malo

Nace el poema

Mr. G.

Cosas del viña.

Recuerdo un mar de tiendas quechua. Y un pequeño rio vacío, que poco a poco se fue llenando de mierdas variadas. Recuerdo un puente que cruzaba el rio, por el que acedias a otro sector del camping. A cinco metros del puente, en el borde del rio, un árbol. Dos grandes ramas, caídas, del árbol, cruzaban el rio.

Recuerdo verla sola. Aprovechando las ramas caídas de un árbol para pintar el puente que tenía enfrente. Me acerque a saludarla. Y salí del caos, aunque este me rodease. Ella sonreía. Yo respondía a su sonrisa con la mía. Empezamos a hablar. Yo estaba muy nervioso. Y creo que algo borracho. El caso es que ya la conocía de antes, de coincidir alguna que otra noche. Tenemos colegas en común. Ya había hablado con ella antes, y tenía mucha curiosidad por tener una conversación larga con ella. Y flipe. Os juro que flipe. Una artista, de las de verdad. Amante del rockabilly, del buen rockabilly.  Pintaba en una libretita marrón, bastante guapa. Tenía una de sus manos dentro de una bolsa de plástico, que usaba de paleta. Pintaba acrílico. Me dijo que le encantaba la poesía, en especial la de Neruda. Yo le dije que escribía, y le pregunte si quería leer algo. Respondió que sí. Salí corriendo a por mí libreta. Estaba en la tienda de campaña de una colega. Y cuando regrese ella seguía hay. Se la enseñe, la ojeó y me pidió que le leyera algo. Lo hice, pero entre mi afonía, mi mala letra y la vergüenza, no fue un gran recital. Después escribí un poema y se lo dedique. Lo leyó. Le gusto. Y me ofreció retratarme. Accedí. Me costó mantenerme quieto. Ella me miraba y sonreía. Yo  flipaba. Tenía una sonrisa muy bonita. Muy muy bonita.

-Eres muy guapo.

Y me puse más nervioso. Quise decir:

-Tú también.

Pero mi cerebro estaba embobado con su sonrisa.

Seguimos hablando mientras me retrataba. Un palique cojonudo, de los mejores que he escuchado. Hablábamos de todo y de nada. Y acabo el retrato.

-No te pareces nada.

Dijo, y su voz me atrapo.
Vi el retrato. Y si se parecía a mí. Y ella dijo:

-Vamos a subirnos al árbol

Subir a los arboles ha sido mi pasión desde que era un renacuajo.

-Vamos

Ella subió primero. Y cuando estábamos los dos encima del árbol, nos miramos y nos besamos. La agarre de la cintura…

Era increíble. Disfrutaba con cada beso. Con cada caricia. Sin prisa. No quería que acabara nunca. Estaba en el paraíso.

Bajamos del árbol. La abrace y me tire al suelo, ella callo encima mía. Se reía. Nos volvimos a besar.

-¿Tienes tienda?

Le pregunte.

-Sí, pero están mis amigos

-Joder

-¿Y tú?

-No

-Bueno. Quedamos aquí a las cuatro y media, que mis amigos se van a los conciertos.

-Perfecto

Y seguimos besándonos. Sobándonos. Un rato más. No quería separarme de ella. Pero tuve que hacerlo. Antes de irnos me volvió a preguntar

-¿A las cuatro y media aquí?

-Claro.

Y aún sigo arrepintiéndome de llegar a las cinco menos veinte.

Mr. G

Cosas que pasan.

El gato vomita la leche caducada como si no hubiera un mañana. Mientras su dueño, vago por naturaleza, espera a que el perro limpie, con su lengua maloliente y babeante, el charco de vomito.

Observa el dueño del gato el panorama sentado en el sofá, con su polla erecta entre los dedos de la mano derecha. Una muñeca que sube y baja. Una polla imaginaria entra y sale sin cesar de un coño imaginario.

El dueño del gato eyacula. El placer es momentáneo y enseguida siente el bajón. Deja de estar cachondo. Se enfría. Su polla regresa a su tamaño natural. La esconde dentro de los pantalones y deja que el perro le limpie las manos, repletas de semen, a lametazos. El loro, encerrado en su jaula blanca, no deja de repetir aquel nombre. Aquel nombre que tanto le duele oír. El nombre de su ex. Nombre que jamás olvidara. Y nombre que le recuerda, cada vez que lo escucha, que, hasta hace ya medio año, lo tenía todo. Absolutamente todo.

Casa bonita, esposa estupenda, hijos modélicos, un pequeño zoo formado por un gato, un perro y un loro, que proporcionaban alegría al día a día en el hogar, y un coche caro e impecable. Ahora no le queda nada más que una pensión a pagar para el resto de su vida. Un empleo que nunca soporto y que nunca soportara. Una hipoteca que le ahorca. Un gato, un perro y un loro. Y un millón de recuerdos. Recuerdos de momentos felices, momentos inolvidables. Momentos que no volverán por haberse follado a una puta politoxicómana que no recuerda ni el sabor de su polla.

-No debí meterme aquella raya- Piensa mientras su perro termina de limpiarle la mano.

Mr. G

Barco pirata. Botella de ron. Amor en cada puerto.

Pulsar el play. Volumen al máximo. Auriculares. Charly efe suena. Sales a la calle. Con tu piti en la boca. Y lo prendes, despacio. Y das la primera calada, disfrutando. Y caminas. Vacilando. Sabiendo que tu polla es la más grande. Que tu egocentrismo te la está mamando. Mamando como nunca antes te la habían mamado. Que no hay quien te gane en tu terreno. Pajas mentales. Eyacular textos. Provocar orgasmos.

Y echo de menos el rubi. El concerta. Las rayas. El subidón. Las taquicardias. Pero fue suficiente. Falacia. Consciente de que quiero una. Gorda. Pastilla recién picada. De que quiero fumarme un cigarro apoyado en mi balcón mientras me lloran los ojos. Y no debo. Y me controlo. Sin saber porque. Sin saber cómo.

Pero ya no busco coño. Coño depilado. De suave piel. Coño que comer y comer como medio de evasión. Ya no busco una mente brillante. Una mente brillante con un rostro precioso. Y un coño suave. Con la que charlar. Con la que reír. Con la que follar. A la que amar. No. No es eso lo que me motiva. Ya no. No puedo depender de nadie. Barco pirata. Botella de ron. Amor en cada puerto.

Ahora me sobra con el simple deslizar del lápiz sobre el folio. Porque es mi campo de juego. Mi jungla. Porque las frases tienen la duración justa. Porque controlo el tiempo. El impacto. El poder de las palabras. Porque se molestar. Provocar. Generar emociones a mi antojo. Producir adición. Y me sobra con saberlo para ponerme a escribir. Para plasmar cada idea que desecho. Cada historia que no escribo. Porque las dejo libres. Libres como mi polla. Mi corazón. Libres como mi cabeza. Y dejo que todo fluya. Divagando sobre el papel. Sin saber que vendrá después de cada punto. Viviéndolo en directo. Disfrutándolo.

Ahora que he inflado mi ego. Mi polla. Mi mente. Escribo para vacilar. Vacilo al escribir. Demostrándome, demostrándoles, a ellos, a ellas, todo mi potencial. Toda mi capacidad. Y son simples polvos mentales. Y Mr. J. siempre ha dicho que la elegancia se basa en la simpleza. Y Bukowski decía que “Pueden salir cosas buenas de no saber demasiado.” Pero Bukowski era un fracasado. Un perdedor. Y lo sabía. Lo reconocía. Se enorgullecía. Y por eso fue un grande. Fue un grande siendo un fracasado. Y esa es la razón de que sea un icono al que admirar. Pero nunca, nunca, nunca al que intentar imitar.

Y creo que… No. No creo. Se. Sé que he vuelto. Con mi polla cargada de un egocentrismo blanquecino y viscoso. Siendo Yo mi propio dios. Dios al que tampoco obedezco.

 

Mr. G

El almuerzo vestido.

8 De la tarde. Entramos en aquella tasca. La tasca de siempre. Fuera llovía. Al entrar invadió nuestras fosas nasales el humo acumulado de tabaco y yerba. Aquella tasca era nuestro segundo hogar. Nos sentamos en una masa del fondo. Sin sillas. En su defecto un banco anclado a la pared en forma de L. En el lado corto se sentó Ali. A su lado, en la esquina, su novio: El Negro. A la derecha de este se sentó Juan y yo me senté a su lado, en la otra esquina. Acurrucado. Recuperando el calor perdido. La tasca no estaba demasiado llena. Un par de pibes en la barra. La mesa de al lado llena. Y unas quince personas alrededor del billar que hay en lo más profundo del local. Estaba todo tranquilo. La muisca al volumen justo para escucharla solo si quieres. La gente iba a su bola. El Negro y Ali se pusieron cariñosos y pasaron de nosotros.

-¿Yerba o polen?- Le pregunte a Juan

-Yerba.

En la mesa hay dos agujeros. Saque un billete de 5 que coloque al lado del agujero izquierdo. Apareció una cucaracha. Desapareció. Con el billete. Me encendí un piti.

-Siguen teniendo la misma yerba ¿No?

-¿Qué?- Juan se había quedao empanao

-Que si siguen teniendo la yerba de siempre

-Creo que sí, que siguen con la critical holandesa

-Al pelo

El cigarro no había llegado aún a la mitad. La cucaracha volvió. Y desapareció de nuevo. Dejo una bola de papel albal. Juan la cogió. La abrió

-Mira como huele. Esta de puta madre.

-Déjame ver- Cogí la postura- Si, es la critical holandesa. Mira, este cogollo parece ser del tronco.

-Pues ya sabes lo que toca.

Claro que lo sé. Papel. Cigarro. Picar yerba. Mezclar. Liar. Fumar. Sabor esquisto. Suave. Apenas se notaba el tabaco. Fume tranquilo. Disfrute. Me relaje. Me coloque. El peta desapareció de mi boca. Apareció en la de Juan. Observe el lugar. Años y años viniendo aquí, La tasca perfecta. Ni sucia ni limpia. En cuanto te acostumbras a las cucarachas parece el paraíso.

Creo que nadie recuerda cómo empezó todo. De repente dejas 5 euros en una mesa y desaparecen. Y te rayas. Y te cabreas. Ves la bola llena de yerba. Te tranquiliza. Piensas que es una broma. No preguntas. Fumas y punto. Otro día vuelves a dejar 5 euros. Pero al otro lado de la mesa. Y te vuelves a rayar. Y te vuelves a cabrear. Y vuelves a tranquilizarte al ver 5 euros de polen sobre la mesa. Y vuelves a pensar que es una broma. Un mes después ya conoces el mecanismo. Izquierda yerba. Derecha polen. Para cuando te enteras de que son cucarachas las que llevan a cabo todo el proceso, ni te sorprendes. Estas más que acostumbrado a, to colocao, ver como pasean por el suelo. A ver como nadie las molesta. A ver a gente jugando con ellas. Es un secreto a voces. No sabes de quien es la yerba. Ni a quien va el dinero. Ni como cojones han enseñado tan de puta madre a las cucarachas. Pero te la pela. Fumas y te relajas. Disfrutas de la música y de la cerveza. Y punto.

El porro ha saltado de la boca de Juan a la boca del negro. Y de la del negro a la mía. Y fumo. Y fumo. Y veo como en otra mesa alguien, al que no he visto nunca por aquí, se levanta de golpe. Cabreado. Chillando:

-¿Dónde mierdas esta mi billete?

Mr. G.

Poesía de un borracho aburrido.

Bebe

Bebe

Y vuelve a beber

Cuando pienses que nada tiene sentido

Cuando te aburras

Cuando te sientas solo

Vacio

Sin ganas de nada.

Y me da igual si rimo

Y me da igual la métrica

Bebo y escribo

No esperes nada de mí

Si creo poemas

Por pereza

De crear historias

De contar mi vida

O mis paranoias

Borracho puedo amar

Pelear

Soñar

Disfrutar

Y ahora corre por mis venas

El vodka y la Coca-Cola

Que os jodan

A los que juzgáis el arte

Y le ponéis normas

Y trabas

Al artista

Que si no hace sus mierdas

Revienta

Esto no huele a envidia

Huele a ignorancia

Son demasiados

Idiotas vivos

Demasiados pocos

Los desesperados

Los inadaptados

Mr. G.

De rave por Troya.

No sé si habréis visto Troya. Ni si recordareis el final, cuando los griegos les hacen la 13/14 con el caballo y entran a Troya cual farloperos con ganas de quemar la noche y tres pollos en el bolsillo. Aquiles se vuelve loco buscando a Briseida. Y es eso de lo que os vengo a hablar. Me recuerda mucho, muchísimo, a mis noches de fiesta. Empiezo con ganas de reventarlo todo. De bebérmelo todo. Y lo hago. Y flipo. Y disfruto. Pero llega un momento en el que encuentro a mi Briseida. A mi Briseida por una noche. Puede que viéndola de lejos. O no. Puede que ya la conociera de antes. O no. Puede que ella quiera verme. O no. Que sepa su nombre. O que no tenga. Da igual. Paro. Dejo de beber. De intentar liarla. Y la busco. Aquiles deja de matar troyanos. Y la busca. Mientras los troyanos y troyanas corren desesperados. Y aquí todos caminan como zombis. Pero en el fondo es lo mismo. Mis ganas de drogarme, de desfasar. Muy similares a las ganas que tiene Aquiles de guerra. Mi sed de alcohol. Su sed de sangre. Y es una mujer lo que nubla dichas ansias. Nuestras ansias. Siempre una mujer. Mujer como metáfora del amor, del deseo, de la necesidad de dar y recibir cariño. Y a la mañana siguiente cenizas. Cenizas en Troya. Cenizas aquí. Solo quedan cenizas. Y recuerdos. La pasión por matar de Aquiles. Mi pasión por ser libre. Todo deja de importar si encuentras los labios apropiados. El rostro apropiado. El cuerpo apropiado. El cerebro apropiado. Está claro que no es un simple trozo de carne vacio como mi cartera a las 11. Por un simple trozo de carne no me olvido del medio gramo que llevan mis colegas.

Mr. G.

Pijas.

Cerveza. Cerveza. Riquísima. Perfecta. Se nos acabaron las latas. Mr. D. invito ayer. Hoy me toca a mí. Pillo un litro en el chino. Lo escondo en mi chaqueta. Vamos a un parque. Habíamos bebido bastante. Habíamos llegado al punto de borrachera en el que hacemos “la llamada”. Y habíamos sobrepasado ese punto.

“La llamada” es un ritual que tenemos Mr. D. y yo. O yo y Mr. D. Consiste en ir muy borrachos y sacar un móvil. Con ese móvil marcamos un número. Y con ese número nos comunicamos con Madrid. En Madrid suele estar Mr. J. Y en ese caso el ritual es solo mío. El ciego da mono. Y sed. Y ganas de follar. Y ganas, muchas ganas, de hablar con tu mejor amigo. Pero hay caos especiales, como el de esta noche, en los que, aparte de Mr. J., en Madrid también esta Mr. Li.

Y es entonces cuando nuestro ritual da comienzo. Y yo llamo a Mr. J. mientras Mr. D. llama a Mr. Li. Y, si ninguno esta follando con su novia, hablamos los cuatro.

Hablamos con estos dos. Nos terminamos el litro. Nos fuimos. Al chino. A por otro litro. Del chino a un parque. Llegando al parque, me saluda una rubia. Una chavala de mi clase. Y pa ya que vamos. Saco el litro. Me siento. Me presenta a un pavo y a una piba. El pibe se estaba haciendo un porro. Yo presento a Mr. Di. Hablamos. El litro va bajando. El porro está bastante rico. Aparecen más pibas. Resultan que conocen a Mr. Di. De puta madre. Pero eran pijas. Niñas pijas y tontas. Y entre tanta pija, una estaba apartada. En silencio. Bebiendo cerveza. Y tenía algo, en la mirada. Su cuerpo era el típico: Piernas delgadas, acentuadas por los leggins. Culo prieto. Vientre plano, demasiado plano. Una cara bonita, de niña.

Digo que son niñas, pero sus edades van desde la mía a dos años menos, como mucho.

A lo que iba. No era el exterior de ella lo que me llamo la atención. Se ven miles de cuerpos iguales a lo largo de la noche. Pero miradas como aquella no. No se ven muchas. Se ven muy pocas. Miradas de las que van más allá. De las que analizan. Ese tipo de mirada que tiene la gente inteligente. Y yo, como siempre, me enamore. Esa noche estaba a sus pies. Y ella no lo sabía. Mejor. Siempre me pasa lo mismo. Me enamoro. Pero sé que al día siguiente tendré resaca y no mariposas en el estomago. Pase de hablar con ella. Prefería beber y fumar. Bebi y fume. Llegaron dos pijas más. Una con cerveza en la mano. La otra conocía a Mr. Di. Y se pusieron a hablar.

Y salte del banco. Chillando. Casi llorando.

-¡NOOOOOOOOOOOOOOO!

-¿Qué mierdas haces?- Mr. Di. No se había dado cuenta. Por eso preguntaba.

-Acaba de tirar cerveza al suelo- Mientras estas palabras salían de mi boca, mi cara debía de parecerse bastante a la de un psicópata.

-¿Y qué?- El tono de voz de Mr. Di. me puso más nervioso. No le importaba en absoluto que la pija asquerosa aquella hubiese tirado cerveza.

-Que la cerveza es sagrada- Aquí Mr. Di. dejo de prestarme atención y siguió hablando con la periquita.

-¿Qué más te da, es mi cerveza?- Me pregunto indignada la pija.

-La cerveza es sagrada. Es la diosa.

-No quería mas y la e tirao. Punto. No es para tanto- La pija no se daba cuenta.

-Pues no la tires, se la regalas a alguien- Me había cabreado bastante. Y se notaba.

-Déjala, está loca- Me dice la chavala de mi clase. Me pasa el porro.

– Me como la polla, es cerveza- Le di un calo al porro- Mr. Di. ¿Qué es la cerveza?

-Dios- Y siguió hablando con la periquita.

-Ves- Fume bien del porro. Mire a la chavalina de mirada interesante. Le devolví el porro a la de mi clase.

-Mr. Di., nos vamos.

-¿¡Que!?

– Que nos vamos.

Me miro. Le mire. Se levanto. Nos despedimos de todos. Le solté una mini charla sobre lo sagrada que es la cerveza a la pija. Volví a mirar a la chavalina. Se estaba sacando un moco. Se lo comió.

Mr. G.

Dedicado a un ravero con rastas y a una señorita con clase.

El nihilismo ha vuelto

El nihilismo ha vuelto

Y me cago en la puta

Me quede sin sueños

Y el bajón de la farlopa

Me sugiere el suicidio

Lo pierdo todo sin hacer la apuesta

La vida apesta

Mi tocha puesta

No me queda nada chica

Quizás te secuestre

Y te obligue a amarme

Mientras busco

MDMA puro

¿Qué mierdas me está pasando?

Hasta hace poco

Era feliz

Follaba incluso

Soy un puto iluso

Y huyo

Paso de marrones

Porque pa marrones

Mi cacao mental

Estas ganas de dejar de respirar

No sé porque ideales luchar

No sé porque luchar

No se

Todo es una mentira

Saber la verdad me quita la vida

No hallare la formula de la felicidad

En la química

Mr. G.