E S K I Z O

No te das cuenta de que soy un jodido genio o que?
y entones porque no me hablas?
por que  no respondes a mis mensajes?
a que juegas?
Te aviso
me e metido
rubifen
quizás te mate
quizás me
y que?
no hables
es tarde
ves esa botella de vodka?
ábrela,
dámela,
vete.
llévate tus labios
y tu culo
y no vuelvas
crees que no hay mas putas
que se toquen pensando en mi polla
después de que les recite al oído?
enserio crees
que eres la única?
estas loca
y yo
tengo un problema
dos
tres
cuatro
y muchos demonios
en mi cerebro
que juegan conmigo
y  no me dejan ser yo
porque prefieren ser ellos
y lo entiendo
tu lo entiendes?
claro que no
que vas a entender
solo quieres apuntar el nombre
de otro artista mas
en tu lista
pero yo no soy un artista mas
entiendes
yo estoy maldito
y bueno
quizás algún día me de igual todo
y te clave unas tijeras
en el cuello
mientras sonrió
pero no temas
el bajón del rubifen ya llega
y yo tengo que salir
y buscar
algo
con
lo
que
calmarme
y espero que estés
cuando vuelva
y espero
que solo lleves puesto un tanga.

Mr. G.

Cami de los Clash y tetas gigantes.

Está prohibido entrar sobrio, rezaba el cartel de la ventana. Fuera llovía. Yo estaba ebrio, asique entre. Una inmensa nube de humo lo inundaba todo. Buena música, buen ambiente, buenas camareras. Pero no conocía a nadie. Y no me apetecía hablar con nadie. Me pille una pinta por un pavo, busque una mesa vacía y me senté. Mire a mí alrededor, vi a tres o cuatro tías y me las imagine desnudas en mi cama. Saque mi cuaderno de la mochila. Le di un buen trago a la cerveza. Me puse a escribir. Las palabras fluían solas. Bendita ebriedad. Escribía sobre un tío, un tío al que se le hincho tanto la polla que le estallo cuando fue a meterla. Escribía sobre la depresión y el vacío que se adueñaron del protagonista cuando la novia de este, al verse bañada por la sangre y los trozos de polla, rompió con él. Y mientras escribía paso por mi lado una pedazo de morena increíble, con una cami de los Clash, unas tetas enormes y unos ojos azules increíbles. Y mientras escribía, se acercó a mí.

-Perdona, ¿llevas fuego?

-Sí, claro.

Y le deje mi mechero. Mientras ella encendía su cigarro, yo le miraba las tetas. Era perfecto.

-Gracias.

Me devolvió el mechero. Y se fue.

Le di otro trago a la cerveza. Seguí escribiendo. El protagonista transformo la depresión en odio, en misantropía. Pero en una misantropía divertida. Se convirtió en el mejor tocacojones de la historia. Le tocaba los huevos a todo el mundo. Sin excepción. Era divertido relatar como lo hacía. Termine de escribir el relato. Termine de beberme la cerveza. Y me fume un cigarro mientras releía el relato. Sabía que era una mierda. Pero estaba borracho y me daba igual. Me gustaba.

Mr. G

Poema de una lagrima

Cuando todo falla

Cuando nadie vende

Cuando todos callan

Cuando nada vale

Cuando todo lo aborreces

Cuando nada sirve

Cuando todo es malo

Nace el poema

Mr. G.

Cosas del viña.

Recuerdo un mar de tiendas quechua. Y un pequeño rio vacío, que poco a poco se fue llenando de mierdas variadas. Recuerdo un puente que cruzaba el rio, por el que acedias a otro sector del camping. A cinco metros del puente, en el borde del rio, un árbol. Dos grandes ramas, caídas, del árbol, cruzaban el rio.

Recuerdo verla sola. Aprovechando las ramas caídas de un árbol para pintar el puente que tenía enfrente. Me acerque a saludarla. Y salí del caos, aunque este me rodease. Ella sonreía. Yo respondía a su sonrisa con la mía. Empezamos a hablar. Yo estaba muy nervioso. Y creo que algo borracho. El caso es que ya la conocía de antes, de coincidir alguna que otra noche. Tenemos colegas en común. Ya había hablado con ella antes, y tenía mucha curiosidad por tener una conversación larga con ella. Y flipe. Os juro que flipe. Una artista, de las de verdad. Amante del rockabilly, del buen rockabilly.  Pintaba en una libretita marrón, bastante guapa. Tenía una de sus manos dentro de una bolsa de plástico, que usaba de paleta. Pintaba acrílico. Me dijo que le encantaba la poesía, en especial la de Neruda. Yo le dije que escribía, y le pregunte si quería leer algo. Respondió que sí. Salí corriendo a por mí libreta. Estaba en la tienda de campaña de una colega. Y cuando regrese ella seguía hay. Se la enseñe, la ojeó y me pidió que le leyera algo. Lo hice, pero entre mi afonía, mi mala letra y la vergüenza, no fue un gran recital. Después escribí un poema y se lo dedique. Lo leyó. Le gusto. Y me ofreció retratarme. Accedí. Me costó mantenerme quieto. Ella me miraba y sonreía. Yo  flipaba. Tenía una sonrisa muy bonita. Muy muy bonita.

-Eres muy guapo.

Y me puse más nervioso. Quise decir:

-Tú también.

Pero mi cerebro estaba embobado con su sonrisa.

Seguimos hablando mientras me retrataba. Un palique cojonudo, de los mejores que he escuchado. Hablábamos de todo y de nada. Y acabo el retrato.

-No te pareces nada.

Dijo, y su voz me atrapo.
Vi el retrato. Y si se parecía a mí. Y ella dijo:

-Vamos a subirnos al árbol

Subir a los arboles ha sido mi pasión desde que era un renacuajo.

-Vamos

Ella subió primero. Y cuando estábamos los dos encima del árbol, nos miramos y nos besamos. La agarre de la cintura…

Era increíble. Disfrutaba con cada beso. Con cada caricia. Sin prisa. No quería que acabara nunca. Estaba en el paraíso.

Bajamos del árbol. La abrace y me tire al suelo, ella callo encima mía. Se reía. Nos volvimos a besar.

-¿Tienes tienda?

Le pregunte.

-Sí, pero están mis amigos

-Joder

-¿Y tú?

-No

-Bueno. Quedamos aquí a las cuatro y media, que mis amigos se van a los conciertos.

-Perfecto

Y seguimos besándonos. Sobándonos. Un rato más. No quería separarme de ella. Pero tuve que hacerlo. Antes de irnos me volvió a preguntar

-¿A las cuatro y media aquí?

-Claro.

Y aún sigo arrepintiéndome de llegar a las cinco menos veinte.

Mr. G

Ahora me importa una mierda.

.

.

.

.

Que me voy pa Alicante el sábado.

Que me voy el viernes.

Que ya es viernes.

Que tengo 20 pavos.

Que litros.

Que a esperar en Sojo.

Que al final no me voy a Alicante.

Que me quedo.

Y pa mariano.

Éramos muchos para ser pocos. Y pocos para ser muchos. Y teníamos ganas de juerga. Yo en concreto de juerga en privada. Con cierta persona. Pero no. Sabes que no cuando estas con ella, acariciándola mientras duerme. Mientras duerme la mona. Tras haber potado. En ese momento te das cuenta de que no. Que no la besaras.  Que no hay futuro en tu fantasía. ¿Y que más dará?

Una calada mas a ese piti. A ese porro. Un esquinazo mas. Un trago mas.

Y llamas  al camello porque no se quién quiere medio de farla. Y el camello que viene. Pero no trae farla. No sé quién no pilla y nosotros pillamos una de M con forma de corazón. Porque sí. Porque metemos tres cuartos en un kali. Porque mezclamos un cuarto con speed. Billete de 5. Enrollado. Esnifado. Cada uno su parte. Daba igual el dinero. Aunque discutiésemos por ello. Daba igual. No importaba. Nos lo metíamos todo a partes iguales entre los que queríamos meternos. Y poto ella. Y otra de su tierra. Y la tengo a mi derecha. Y voy  a ver qué pasa. Aunque me temo que llegare tarde.

Y ni tarde ni pronto. Digamos que no llego. Que todo se queda en la fantasía. ¿Y que más dará? Se supone que queda speed. Pero queda poco. Bastante poco. Y da igual. Ahora todo me importa una mierda. Como a Arpaviejas. Cuando te das cuenta de que no, que pasa de tu cara. Y entonces la sonrisa pícara aparece en mi cara. Soy libre y estoy cabreado. ¿Qué más se puede pedir?

Pues puedo pedir que no vengas a sacarme a bailar.

Que me beses.

Que pases un rato conmigo. Un rato largo. Un rato a solas.

Mr. G

Vuelve

Vuelve

La lucidez

                          Mental

La felicidad

                                    Más honesta

El bienestar

                                         Conmigo mismo

                                              Con todo el mundo

La pastilla

                            La pico

                               La esnifo.

 …

Pero si todo va bien

¿De qué huyes?

¿De qué te escondes?

Ni huyo

Ni me escondo

Busco

Busco

Y busco

La droga

El fármaco

Que haga eterna

Esta felicidad

Esta lucidez

….

.

Encuentro

Encuentro

Y encuentroro

Un subidón

                                                             Medio placentero

Un bajón

                                                                             Que nunca mereció la pena

Mr. G

Cupido sigues siendo un hijo de la grandísima puta.

El día que la conocí nunca imagine que todo esto pasaría, a pesar de que llamo mi atención en cuanto estuve con ella. Fue poco tiempo. Me tuve que ir enseguida. Tenía que entrar a clase. Nunca se me olvidara.  Todo fue muy rápido. Y raro. Y bonito. No me lo creía. Me fui acercando a ella poco a poco. Tenemos colegas en común. Colegas que no me caen, la mayoría, muy bien. Pero empecé a pasar más tiempo con ellos, aunque me jodiese merecía la pena. El poco tiempo que conseguía pasar con ella cerca se había convertido en mi razón para levantarme por las mañanas. Para ir a sitios estúpidos como, por ejemplo, el instituto. Y con el paso de los días había más y más confianza entre los dos. Hasta que quedamos una tarde. Los dos. Solos. Fue increíble. Dimos vueltas y vueltas por la ciudad, a pesar de que odio caminar. Estuvimos mirando ropa. Ropa para mí. Para mi nuevo aspecto, cosa que hasta esa tarde nunca me había interesado. Estuvimos en museos. Y en vez de potar con las teorías de los críticos de arte sobre el significado de las obras, disfrute al escucharlas. Me acompaño a mi casa. Y ella se tuvo que ir. Pero quedamos en volver a vernos al día siguiente. Y al día siguiente nos vimos. Y al siguiente también. Y al siguiente. Fue entonces cuando mi vida dio un giro de 180º. Nos fuimos juntos al centro, de tascas. Sin mis colegas. Y fue bestial. Una locura. Por la gente que conocimos. Por lo que vimos. Por lo que hicimos. Porque decidimos casarnos e irnos a vivir juntos. Porque, aunque solo habían pasado dos meses desde que nos conocimos, no podíamos vivir separados.

La luna de miel fue algo tan íntimo, tan mágico, tan perfecto, que, como pareja, preferimos que nadie sepa nada de lo que paso. Ahora Llevamos unos dos meses viviendo juntos. La casa esta echa una mierda. El frigorífico vacío. No hay ni un jodido plato que no esté roto. Vendimos la cubertería de plata. Los 6 vasos que tenemos los usamos de cenicero. Apenas hay muebles. Y los pocos que hay están hechos un asco. En el suelo hay de todo: Condones usados, colillas, botellas de cerveza, vino, vodka, ginebra, ron, wiski, tequila, absenta. Todas vacias. La mayoría rotas. Nuestra relación se basa en estar el uno junto al otro. Sin hablarnos. Sin movernos. Como ausentes. Pero juntos. Pues a pesar de todo aun nos amamos. Aunque nuestra relación no la apruebe nadie de mi familia, ni de mis amigos. Y estos mismos hacen lo imposible porque lo dejemos. Y cada vez que me consiguen convencer pasa lo mismo. Nada más verla le digo: Vengo a dejarte, pero no puedo. Te necesito. Te quiero.

Por cierto, se me ha olvidado deciros el nombre de mi preciosa amada: Droga.

Mr. G

¿TIENES UN EMBARAZO IMPREVISTO Y NECESITAS AYUDA PARA NO ABORTAR?

Si. Y la ayuda llego. Y el niño nació. Lo que mas recuerda de su infancia es ver a su madre, la que le dio de mamar, con una mochila repleta de libros y libretas colgando de su espalda. Mochila que en unos años pasara a llevar el. Libros y libretas que en unos años odiara. Los vera inútiles e inservibles. Deseara quemarlos.

Poco a poco ve, cada vez menos, a su madre y la mochila. Desaparecía continuamente. Y cuando lloraba eran sus abuelos los que le consolaban. Los que le mimaban. Los que le cambian el pañal lleno de mierda por uno limpio.

El tiempo pasa. Su madre apenas esta por casa. Apenas le abraza o le besa. Y cuando lo hace, lo hace con prisa. Nunca la ve sonreír. Pero le regala muchos juguetes.

Y el niño crece. Su madre ya no lleva mochila. Ahora la lleva el. Y ya no viven con sus abuelos. Viven en otro piso. En otra ciudad. Otra ciudad donde no tiene amigos. Su madre vive con un hombre al que él no conoce. Y al que se niega a llamar Papa. Él ya tiene un padre, aunque no sabe ni su nombre. Su madre dio a luz a dos mellizas hace uno o dos meses. Desde entonces hace lo que le da la gana. Nadie le mira. Ni le regaña. Ni le pregunta.

El niño ya es adolescente. Le quedan tres meses para cumplir los 18. Vive con sus abuelos. La ultima vez que vio al novio de su madre le rompió el pómulo derecho. Y si lo vuelve a ver… A su madre le consiguió sacar una manutención vitalicia de casi mil euros al mes. Y la odia como no a odiado nunca a nadie. Pero, por increíble que parezca, a sus hermanas las quiere mas que a si mismo. Hubo una época en la que las culpaba de todo sus males. Pero se dio cuenta de que no eran ellas el problema. El problema era su madre. Si tanto le quería como para no abortar, ¿Porque mierdas nunca se lo a demostrado? Daba igual. Sábado. Salio y bebió. Cada trago le recordaba todo el odio que sentía por dentro. Y bebió y bebió. Y llego el camello. Se metieron un poco de farla, el y dos colegas mas, dentro del baño. Salieron. Bebieron. Fumaron. Y una chica preciosa apareció. Hablaron. Rieron. Bebieron. De no ser por la farlopa se abría enamorado de aquella chica. Pero se la follo y acto seguido la olvido. Y ella lo olvido a el. Hasta que un mes después aun no le había bajado la regla. Y se hizo la prueba. Y se acordó de él y de toda su familia. Y le busco. Pero no hubo manera de encontrarle. En su lugar, encontró un cartel que rezaba: “¿TIENES UN EMBARAZO IMPREVISTO Y NECESITAS AYUDA PARA NO ABORTAR?”

Mr. G

Cosas que pasan.

El gato vomita la leche caducada como si no hubiera un mañana. Mientras su dueño, vago por naturaleza, espera a que el perro limpie, con su lengua maloliente y babeante, el charco de vomito.

Observa el dueño del gato el panorama sentado en el sofá, con su polla erecta entre los dedos de la mano derecha. Una muñeca que sube y baja. Una polla imaginaria entra y sale sin cesar de un coño imaginario.

El dueño del gato eyacula. El placer es momentáneo y enseguida siente el bajón. Deja de estar cachondo. Se enfría. Su polla regresa a su tamaño natural. La esconde dentro de los pantalones y deja que el perro le limpie las manos, repletas de semen, a lametazos. El loro, encerrado en su jaula blanca, no deja de repetir aquel nombre. Aquel nombre que tanto le duele oír. El nombre de su ex. Nombre que jamás olvidara. Y nombre que le recuerda, cada vez que lo escucha, que, hasta hace ya medio año, lo tenía todo. Absolutamente todo.

Casa bonita, esposa estupenda, hijos modélicos, un pequeño zoo formado por un gato, un perro y un loro, que proporcionaban alegría al día a día en el hogar, y un coche caro e impecable. Ahora no le queda nada más que una pensión a pagar para el resto de su vida. Un empleo que nunca soporto y que nunca soportara. Una hipoteca que le ahorca. Un gato, un perro y un loro. Y un millón de recuerdos. Recuerdos de momentos felices, momentos inolvidables. Momentos que no volverán por haberse follado a una puta politoxicómana que no recuerda ni el sabor de su polla.

-No debí meterme aquella raya- Piensa mientras su perro termina de limpiarle la mano.

Mr. G

La bronca dio comienzo.

-Vete a tu país.- La frase que da sentido a esta historia. Pero retrocedamos.

Llegue a plaza colmena. En uno de los bancos estaban Paco, Carles, Spud, Isaac, etc. También conocidos como los trasteros. Porque los hijos de puta se pasan las tardes fumando porros en el trastero de Spud. Y yo venía de ver jugar a mi equipo. De verlos ganar. Y de no haber jugado por no tener todavía la ficha técnica. Asique estaba eufórico y ansioso. Eufórico por la victoria, ansioso por placar al primero que me rozara los cojones.

Los salude y me quede hablando con ellos.

-Esta noche quizás tengas suerte- Me dijo Carles. Nadie más entendió la frase. No necesitaban entenderla. Y aunque lo necesitaran no podrían.

En el banco estaban también Adriana y su amiga. Iba a hablar con ellas cuando me llamo Tuga. Quería pillar. Y yo quería fumar. Él estaba en menos cuarto. Y yo fui directo. La mezcla de euforia y ansiedad provocan en mí una hiperactividad similar a la producida por el speed.

Llegue a menos cuarto en menos de dos minutos. Los salude.

-¿llevas?- Me pregunto tuga.

-No, hay que ir a pillar.

-¿A dónde vas a ir?

-Voy a darme una vuelta por repu a ver si hay algo, si no nos tocara ir al garito.

-Va. Pero espérate que tiene que venir un amigo.

-Pues dame las perras y voy ya- Odio esperar.

-Es que el dinero lo tiene el.

Asique me fui yo solo a repu, en busca de camello. Dentro conseguí un par de calos y el número de un viejo amigo. En la puerta de repu estaba Maikol hablando con un borracho. Maikol se paso el porro y el borracho se paso el calimocho. Me despedí de Maikol y fui a buscar a Tuga mientras llamaba a mi viejo a migo.

-Estoy currando tío, no puedo hablar. Ai está en casa.

-No sé dónde vives carbón.

-Encima del ****, en el *** piso

-Va, al pelo, gracias

Fui, subí, salude, pille y baje. El chaval que quería pillar me estaba esperando en la puerta. Me hice un porro con su yerba, le dio unos calos y se fue. Y me dejo el porro. Entero. Y me fui a buscar a mis colegas. Murcia es pequeña. No tarde en encontrarlos. El negro estaba discutiendo con unos chavales. Y escuche, de la boca de uno de ellos, la frase: Vete a tu País.

Mire al chaval. Lo conocía de antes. Le tenía ganas. Le teníamos ganas, a él y a sus amigos.

Mis colegas querían bronca. Y yo tenía ganas de placar…

Ni me lo pensé.

Plaque. Directo a las piernas. Se comió el suelo. Y mis labios dibujaron una sonrisa perfecta. De oreja a oreja. La bronca dio comienzo.

Mr. G