E S K I Z O

No te das cuenta de que soy un jodido genio o que?
y entones porque no me hablas?
por que  no respondes a mis mensajes?
a que juegas?
Te aviso
me e metido
rubifen
quizás te mate
quizás me
y que?
no hables
es tarde
ves esa botella de vodka?
ábrela,
dámela,
vete.
llévate tus labios
y tu culo
y no vuelvas
crees que no hay mas putas
que se toquen pensando en mi polla
después de que les recite al oído?
enserio crees
que eres la única?
estas loca
y yo
tengo un problema
dos
tres
cuatro
y muchos demonios
en mi cerebro
que juegan conmigo
y  no me dejan ser yo
porque prefieren ser ellos
y lo entiendo
tu lo entiendes?
claro que no
que vas a entender
solo quieres apuntar el nombre
de otro artista mas
en tu lista
pero yo no soy un artista mas
entiendes
yo estoy maldito
y bueno
quizás algún día me de igual todo
y te clave unas tijeras
en el cuello
mientras sonrió
pero no temas
el bajón del rubifen ya llega
y yo tengo que salir
y buscar
algo
con
lo
que
calmarme
y espero que estés
cuando vuelva
y espero
que solo lleves puesto un tanga.

Mr. G.

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Verso

El verso corretea entre neuronas

Buscando una que le preste atención

Pero todas pasan

Tienen cosas más importantes que hacer

O eso dicen

Pero el verso sabe que mienten,

No apropósito

  Claro

Si no por oficio,

También por oficio se volvieron grises.

El verso camina entre neuronas grises

Buscando alguna con la que jugar

Pero todas pasan

Estamos ocupadas

Dicen

Estamos ocupadas

Mienten.

El verso se aburre,

Se desespera,

Busca y no encuentra

Busca y no encuentra

Busca y busca

Y busca

Y busca

Al final encuentra un bolígrafo

Y juega con el

Y hacen el poema,

Muy despacio

Entre gemidos.

Mr. G

Goodbye

Se a acabado la caja. No quedan mas. ¿Y que?. Me estaba cansando. Ahora toca ansiedad. Resucitar es doloroso. Pero te hace fuerte. Resistente. Por suerte soy pobre. No hay dinero para tanto vicio. El pecho me late. Relajate. Deja pasar el tiempo. Escribe. Juega. Observa. Y relajate. Sobretodo relajate. No te va a doler. No demasiado.
Mr. G

Son cosicas.

-Lleváis toda la noche  hablando del mismo puto tema. ¿No sabéis hablar de otra cosa?

-No.

No sé quién respondió, pero la tía nos miró y se fue.

Nada más llegar a la blanca, saco la botella de Kennebec de la mochila del Juancho.

-Hay que comprar la mezcla- Apunto.

-No seas ansias Gorio- Me responde el Miguel.- Ya embolillaremos a alguien por las tascas. ¿Os a costao mucho?

-Que va, estaba regalao. Bueno, ¿nos movemos o qué?

-¿Tienes prisa?

-Si

No aguantaba más, quería empezar a beber cuanto antes. Y aun nos faltaba algo para hacer la mezcla, y los vasos. Tardamos diez minutos en levantarnos para ir al centro. No. Tardaron diez minutos en levantarse para irnos al centro. Cinco en llegar. Nos apalancamos en la calle del republika. Me lio un cigarro mientras estos miran la pintura que llevan.

-¿Tu qué Gorio?

-Un negro y un blanco. Esta noche me marcare algo por ahí.

-Perdonad, ¿lleváis un papel?

Era una piba. Ninguno la conocíamos, ni nos dimos cuenta de que se había acercado. Su pelo era castaño, no muy largo y con un lado rapado. En la nariz un septum. Ojos marrones. Piel morena. Guapa. Una camiseta de la polla record y unos pantalones vaqueros cortitos.

El Juancho le da uno.

-Muchas gracias- Y se saca una postura de las tetas- ¿Fumáis?

-¡Sí!- Respondemos miguel y yo a la vez.

La chica nos dijo que se llamaba Elois y nos dio dos besos a cada uno. Vio la pintura y nos preguntó si éramos graffiteros.

-Algo de eso- Le respondió el miguel

La tía empezó a hacernos preguntas, rollo ¿A qué hora pintáis? ¿Y dónde? ¿Y no os dicen nada? ¿Y cuánto es la multa? ¿Y que cuesta la pintura? Y mientras nos interrogaba se lio el canuto. Se lo enchufo. Nos lo paso. Le fumamos. Y se terminó. Y nos preguntó:

-¿Vosotros lleváis algo de yerba?

-Sí, y también tenemos una botella sin abrir de vodka- Informo el Juancho

-No jodas, ¿Si?- Respondió ilusionadísima.

-Pero nos falta la cocacola.

Y la compro ella. Yo entre al republika a pedirle un vaso de mini a la camarera. El primero entro como agua, aunque nos faltaran los hielos. El segundo duro más. Y se nos soltó el pico. Y empezamos a contar historias sobre misiones, marrones, sustos etc.

Mr. G

Y se fue. Melodi se fue.

Consigo abrir los ojos, pero todo esta borroso. Había bebido mucho. Demasiado. Recuerdo la primera botella de tequila, recuerdo cuando se acabó tras mil chupitos, y recuerdo que alguien a quien no conocía de nada saco una botella de ron. A partir de ahí todo es muy difuso. Me duele la cabeza, pero no tengo nauseas. Nunca las tengo. O lo poto todo antes, o no poto. Empiezo a ver mejor, no demasiado, lo suficiente para ver más allá de mis pies. Estoy tirado en un portal. No preguntes cual. Hay restos de vomito por todos lados, seguramente mío. Observo el panorama. Hay una cucaracha correteando. Parece una rata súper enana, y cuanto más la miro más lo parece. Si tuviese un tarro, o cualquier tipo de recipiente, la adoptaría.

La cucaracha se acercó. Mire sus ojos minúsculos. Vi el infierno.

-Estimada cucaracha, a partir de ahora no tendrás que vivir en las cloacas, entre mierda. Nadie va a volver a intentar pisarte o gasearte. A partir de ahora vas a tener a alguien que te cuide. A alguien que te quiera. Y te vas a llamar Melodi ¿vale?

-Eres un borracho.

Y se fue. Melodi se fue.

Mr. G.

Cami de los Clash y tetas gigantes.

Está prohibido entrar sobrio, rezaba el cartel de la ventana. Fuera llovía. Yo estaba ebrio, asique entre. Una inmensa nube de humo lo inundaba todo. Buena música, buen ambiente, buenas camareras. Pero no conocía a nadie. Y no me apetecía hablar con nadie. Me pille una pinta por un pavo, busque una mesa vacía y me senté. Mire a mí alrededor, vi a tres o cuatro tías y me las imagine desnudas en mi cama. Saque mi cuaderno de la mochila. Le di un buen trago a la cerveza. Me puse a escribir. Las palabras fluían solas. Bendita ebriedad. Escribía sobre un tío, un tío al que se le hincho tanto la polla que le estallo cuando fue a meterla. Escribía sobre la depresión y el vacío que se adueñaron del protagonista cuando la novia de este, al verse bañada por la sangre y los trozos de polla, rompió con él. Y mientras escribía paso por mi lado una pedazo de morena increíble, con una cami de los Clash, unas tetas enormes y unos ojos azules increíbles. Y mientras escribía, se acercó a mí.

-Perdona, ¿llevas fuego?

-Sí, claro.

Y le deje mi mechero. Mientras ella encendía su cigarro, yo le miraba las tetas. Era perfecto.

-Gracias.

Me devolvió el mechero. Y se fue.

Le di otro trago a la cerveza. Seguí escribiendo. El protagonista transformo la depresión en odio, en misantropía. Pero en una misantropía divertida. Se convirtió en el mejor tocacojones de la historia. Le tocaba los huevos a todo el mundo. Sin excepción. Era divertido relatar como lo hacía. Termine de escribir el relato. Termine de beberme la cerveza. Y me fume un cigarro mientras releía el relato. Sabía que era una mierda. Pero estaba borracho y me daba igual. Me gustaba.

Mr. G

Poema de una lagrima

Cuando todo falla

Cuando nadie vende

Cuando todos callan

Cuando nada vale

Cuando todo lo aborreces

Cuando nada sirve

Cuando todo es malo

Nace el poema

Mr. G.

Cosas del viña.

Recuerdo un mar de tiendas quechua. Y un pequeño rio vacío, que poco a poco se fue llenando de mierdas variadas. Recuerdo un puente que cruzaba el rio, por el que acedias a otro sector del camping. A cinco metros del puente, en el borde del rio, un árbol. Dos grandes ramas, caídas, del árbol, cruzaban el rio.

Recuerdo verla sola. Aprovechando las ramas caídas de un árbol para pintar el puente que tenía enfrente. Me acerque a saludarla. Y salí del caos, aunque este me rodease. Ella sonreía. Yo respondía a su sonrisa con la mía. Empezamos a hablar. Yo estaba muy nervioso. Y creo que algo borracho. El caso es que ya la conocía de antes, de coincidir alguna que otra noche. Tenemos colegas en común. Ya había hablado con ella antes, y tenía mucha curiosidad por tener una conversación larga con ella. Y flipe. Os juro que flipe. Una artista, de las de verdad. Amante del rockabilly, del buen rockabilly.  Pintaba en una libretita marrón, bastante guapa. Tenía una de sus manos dentro de una bolsa de plástico, que usaba de paleta. Pintaba acrílico. Me dijo que le encantaba la poesía, en especial la de Neruda. Yo le dije que escribía, y le pregunte si quería leer algo. Respondió que sí. Salí corriendo a por mí libreta. Estaba en la tienda de campaña de una colega. Y cuando regrese ella seguía hay. Se la enseñe, la ojeó y me pidió que le leyera algo. Lo hice, pero entre mi afonía, mi mala letra y la vergüenza, no fue un gran recital. Después escribí un poema y se lo dedique. Lo leyó. Le gusto. Y me ofreció retratarme. Accedí. Me costó mantenerme quieto. Ella me miraba y sonreía. Yo  flipaba. Tenía una sonrisa muy bonita. Muy muy bonita.

-Eres muy guapo.

Y me puse más nervioso. Quise decir:

-Tú también.

Pero mi cerebro estaba embobado con su sonrisa.

Seguimos hablando mientras me retrataba. Un palique cojonudo, de los mejores que he escuchado. Hablábamos de todo y de nada. Y acabo el retrato.

-No te pareces nada.

Dijo, y su voz me atrapo.
Vi el retrato. Y si se parecía a mí. Y ella dijo:

-Vamos a subirnos al árbol

Subir a los arboles ha sido mi pasión desde que era un renacuajo.

-Vamos

Ella subió primero. Y cuando estábamos los dos encima del árbol, nos miramos y nos besamos. La agarre de la cintura…

Era increíble. Disfrutaba con cada beso. Con cada caricia. Sin prisa. No quería que acabara nunca. Estaba en el paraíso.

Bajamos del árbol. La abrace y me tire al suelo, ella callo encima mía. Se reía. Nos volvimos a besar.

-¿Tienes tienda?

Le pregunte.

-Sí, pero están mis amigos

-Joder

-¿Y tú?

-No

-Bueno. Quedamos aquí a las cuatro y media, que mis amigos se van a los conciertos.

-Perfecto

Y seguimos besándonos. Sobándonos. Un rato más. No quería separarme de ella. Pero tuve que hacerlo. Antes de irnos me volvió a preguntar

-¿A las cuatro y media aquí?

-Claro.

Y aún sigo arrepintiéndome de llegar a las cinco menos veinte.

Mr. G

¿TIENES UN EMBARAZO IMPREVISTO Y NECESITAS AYUDA PARA NO ABORTAR?

Si. Y la ayuda llego. Y el niño nació. Lo que mas recuerda de su infancia es ver a su madre, la que le dio de mamar, con una mochila repleta de libros y libretas colgando de su espalda. Mochila que en unos años pasara a llevar el. Libros y libretas que en unos años odiara. Los vera inútiles e inservibles. Deseara quemarlos.

Poco a poco ve, cada vez menos, a su madre y la mochila. Desaparecía continuamente. Y cuando lloraba eran sus abuelos los que le consolaban. Los que le mimaban. Los que le cambian el pañal lleno de mierda por uno limpio.

El tiempo pasa. Su madre apenas esta por casa. Apenas le abraza o le besa. Y cuando lo hace, lo hace con prisa. Nunca la ve sonreír. Pero le regala muchos juguetes.

Y el niño crece. Su madre ya no lleva mochila. Ahora la lleva el. Y ya no viven con sus abuelos. Viven en otro piso. En otra ciudad. Otra ciudad donde no tiene amigos. Su madre vive con un hombre al que él no conoce. Y al que se niega a llamar Papa. Él ya tiene un padre, aunque no sabe ni su nombre. Su madre dio a luz a dos mellizas hace uno o dos meses. Desde entonces hace lo que le da la gana. Nadie le mira. Ni le regaña. Ni le pregunta.

El niño ya es adolescente. Le quedan tres meses para cumplir los 18. Vive con sus abuelos. La ultima vez que vio al novio de su madre le rompió el pómulo derecho. Y si lo vuelve a ver… A su madre le consiguió sacar una manutención vitalicia de casi mil euros al mes. Y la odia como no a odiado nunca a nadie. Pero, por increíble que parezca, a sus hermanas las quiere mas que a si mismo. Hubo una época en la que las culpaba de todo sus males. Pero se dio cuenta de que no eran ellas el problema. El problema era su madre. Si tanto le quería como para no abortar, ¿Porque mierdas nunca se lo a demostrado? Daba igual. Sábado. Salio y bebió. Cada trago le recordaba todo el odio que sentía por dentro. Y bebió y bebió. Y llego el camello. Se metieron un poco de farla, el y dos colegas mas, dentro del baño. Salieron. Bebieron. Fumaron. Y una chica preciosa apareció. Hablaron. Rieron. Bebieron. De no ser por la farlopa se abría enamorado de aquella chica. Pero se la follo y acto seguido la olvido. Y ella lo olvido a el. Hasta que un mes después aun no le había bajado la regla. Y se hizo la prueba. Y se acordó de él y de toda su familia. Y le busco. Pero no hubo manera de encontrarle. En su lugar, encontró un cartel que rezaba: “¿TIENES UN EMBARAZO IMPREVISTO Y NECESITAS AYUDA PARA NO ABORTAR?”

Mr. G

Blas de Otero

Estoy en la biblioteca. Ella está frente a mí. No me conoce. No la conozco. Pero es preciosa. La observo mientras escribe en su cuaderno. Su letra es muy bonita. Ella alza la mirada. Yo bajo la mía. Empiezo a leer el libro que tengo delante. Verso y prosa de Blas de Otero. Mi concentración se disipa al llegar a la segunda estrofa. Y vuelvo a mirarla. Intento disimular. No pasan ni dos minutos cuando ella se levanta. Deja sus cosas y se pierda entre las estanterías blancas repletas de libros. Y me quedo embobado mirando su culo. Y sus piernas. Y empiezo a ponerme cachondo…

Ella vuelve con un libro entre las manos. Se sienta. Lo abre. Sus ojos, más bonitos que su culo, van devorando poco a poco la primera página. Consigo leer el nombre del autor: Panero. Y no puedo evitarlo

-Perdona, ¿Estás leyendo a Panero?

 -¿Cómo?

-Que si ese libro es de Panero

-Ah, vale. Si, ¿Lo conoces?

-Claro…

Y seguimos hablando. Le cuento que escribo poemas en mis ratos libres. Y resulta que ella también. Y seguimos con la charla. Hablando de nada y de todo a la vez. Y yo no puedo dejar de mirarla. Y ella no puede dejar de sonreír. Y acabamos en su casa. Nos tiramos sobre la cama. Solo nos quitamos los zapatos. Coge un libro del suelo. Me pide que escoja una página al azar. Y que la lea en voz alta. Comienzo a leer, en voz alta, un poema al azar de Baudelaire. Y ella se quita los calcetines. Despacio. Yo sigo leyendo. Y ella se quita los leggins. Despacio. Yo sigo leyendo.  Y ella se quita las bragas. Despacio.  Termino de leer el poema. Y la observo tumbada en la cama. Alargo la mano. Necesito acariciar sus perfectas piernas. Y cuando mi mano entra en contacto con su piel, suave y bronceada, su boca se abre y pudo escucharla decir:

-Guarro de mierda, deja de mirarme el culo. Eres asqueroso.

Y continuo leyendo el libro de Blas de Otero.

Mr. G