E S K I Z O

No te das cuenta de que soy un jodido genio o que?
y entones porque no me hablas?
por que  no respondes a mis mensajes?
a que juegas?
Te aviso
me e metido
rubifen
quizás te mate
quizás me
y que?
no hables
es tarde
ves esa botella de vodka?
ábrela,
dámela,
vete.
llévate tus labios
y tu culo
y no vuelvas
crees que no hay mas putas
que se toquen pensando en mi polla
después de que les recite al oído?
enserio crees
que eres la única?
estas loca
y yo
tengo un problema
dos
tres
cuatro
y muchos demonios
en mi cerebro
que juegan conmigo
y  no me dejan ser yo
porque prefieren ser ellos
y lo entiendo
tu lo entiendes?
claro que no
que vas a entender
solo quieres apuntar el nombre
de otro artista mas
en tu lista
pero yo no soy un artista mas
entiendes
yo estoy maldito
y bueno
quizás algún día me de igual todo
y te clave unas tijeras
en el cuello
mientras sonrió
pero no temas
el bajón del rubifen ya llega
y yo tengo que salir
y buscar
algo
con
lo
que
calmarme
y espero que estés
cuando vuelva
y espero
que solo lleves puesto un tanga.

Mr. G.

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Goodbye

Se a acabado la caja. No quedan mas. ¿Y que?. Me estaba cansando. Ahora toca ansiedad. Resucitar es doloroso. Pero te hace fuerte. Resistente. Por suerte soy pobre. No hay dinero para tanto vicio. El pecho me late. Relajate. Deja pasar el tiempo. Escribe. Juega. Observa. Y relajate. Sobretodo relajate. No te va a doler. No demasiado.
Mr. G

Son cosicas.

-Lleváis toda la noche  hablando del mismo puto tema. ¿No sabéis hablar de otra cosa?

-No.

No sé quién respondió, pero la tía nos miró y se fue.

Nada más llegar a la blanca, saco la botella de Kennebec de la mochila del Juancho.

-Hay que comprar la mezcla- Apunto.

-No seas ansias Gorio- Me responde el Miguel.- Ya embolillaremos a alguien por las tascas. ¿Os a costao mucho?

-Que va, estaba regalao. Bueno, ¿nos movemos o qué?

-¿Tienes prisa?

-Si

No aguantaba más, quería empezar a beber cuanto antes. Y aun nos faltaba algo para hacer la mezcla, y los vasos. Tardamos diez minutos en levantarnos para ir al centro. No. Tardaron diez minutos en levantarse para irnos al centro. Cinco en llegar. Nos apalancamos en la calle del republika. Me lio un cigarro mientras estos miran la pintura que llevan.

-¿Tu qué Gorio?

-Un negro y un blanco. Esta noche me marcare algo por ahí.

-Perdonad, ¿lleváis un papel?

Era una piba. Ninguno la conocíamos, ni nos dimos cuenta de que se había acercado. Su pelo era castaño, no muy largo y con un lado rapado. En la nariz un septum. Ojos marrones. Piel morena. Guapa. Una camiseta de la polla record y unos pantalones vaqueros cortitos.

El Juancho le da uno.

-Muchas gracias- Y se saca una postura de las tetas- ¿Fumáis?

-¡Sí!- Respondemos miguel y yo a la vez.

La chica nos dijo que se llamaba Elois y nos dio dos besos a cada uno. Vio la pintura y nos preguntó si éramos graffiteros.

-Algo de eso- Le respondió el miguel

La tía empezó a hacernos preguntas, rollo ¿A qué hora pintáis? ¿Y dónde? ¿Y no os dicen nada? ¿Y cuánto es la multa? ¿Y que cuesta la pintura? Y mientras nos interrogaba se lio el canuto. Se lo enchufo. Nos lo paso. Le fumamos. Y se terminó. Y nos preguntó:

-¿Vosotros lleváis algo de yerba?

-Sí, y también tenemos una botella sin abrir de vodka- Informo el Juancho

-No jodas, ¿Si?- Respondió ilusionadísima.

-Pero nos falta la cocacola.

Y la compro ella. Yo entre al republika a pedirle un vaso de mini a la camarera. El primero entro como agua, aunque nos faltaran los hielos. El segundo duro más. Y se nos soltó el pico. Y empezamos a contar historias sobre misiones, marrones, sustos etc.

Mr. G

Y se fue. Melodi se fue.

Consigo abrir los ojos, pero todo esta borroso. Había bebido mucho. Demasiado. Recuerdo la primera botella de tequila, recuerdo cuando se acabó tras mil chupitos, y recuerdo que alguien a quien no conocía de nada saco una botella de ron. A partir de ahí todo es muy difuso. Me duele la cabeza, pero no tengo nauseas. Nunca las tengo. O lo poto todo antes, o no poto. Empiezo a ver mejor, no demasiado, lo suficiente para ver más allá de mis pies. Estoy tirado en un portal. No preguntes cual. Hay restos de vomito por todos lados, seguramente mío. Observo el panorama. Hay una cucaracha correteando. Parece una rata súper enana, y cuanto más la miro más lo parece. Si tuviese un tarro, o cualquier tipo de recipiente, la adoptaría.

La cucaracha se acercó. Mire sus ojos minúsculos. Vi el infierno.

-Estimada cucaracha, a partir de ahora no tendrás que vivir en las cloacas, entre mierda. Nadie va a volver a intentar pisarte o gasearte. A partir de ahora vas a tener a alguien que te cuide. A alguien que te quiera. Y te vas a llamar Melodi ¿vale?

-Eres un borracho.

Y se fue. Melodi se fue.

Mr. G.

Cami de los Clash y tetas gigantes.

Está prohibido entrar sobrio, rezaba el cartel de la ventana. Fuera llovía. Yo estaba ebrio, asique entre. Una inmensa nube de humo lo inundaba todo. Buena música, buen ambiente, buenas camareras. Pero no conocía a nadie. Y no me apetecía hablar con nadie. Me pille una pinta por un pavo, busque una mesa vacía y me senté. Mire a mí alrededor, vi a tres o cuatro tías y me las imagine desnudas en mi cama. Saque mi cuaderno de la mochila. Le di un buen trago a la cerveza. Me puse a escribir. Las palabras fluían solas. Bendita ebriedad. Escribía sobre un tío, un tío al que se le hincho tanto la polla que le estallo cuando fue a meterla. Escribía sobre la depresión y el vacío que se adueñaron del protagonista cuando la novia de este, al verse bañada por la sangre y los trozos de polla, rompió con él. Y mientras escribía paso por mi lado una pedazo de morena increíble, con una cami de los Clash, unas tetas enormes y unos ojos azules increíbles. Y mientras escribía, se acercó a mí.

-Perdona, ¿llevas fuego?

-Sí, claro.

Y le deje mi mechero. Mientras ella encendía su cigarro, yo le miraba las tetas. Era perfecto.

-Gracias.

Me devolvió el mechero. Y se fue.

Le di otro trago a la cerveza. Seguí escribiendo. El protagonista transformo la depresión en odio, en misantropía. Pero en una misantropía divertida. Se convirtió en el mejor tocacojones de la historia. Le tocaba los huevos a todo el mundo. Sin excepción. Era divertido relatar como lo hacía. Termine de escribir el relato. Termine de beberme la cerveza. Y me fume un cigarro mientras releía el relato. Sabía que era una mierda. Pero estaba borracho y me daba igual. Me gustaba.

Mr. G

Poema de una lagrima

Cuando todo falla

Cuando nadie vende

Cuando todos callan

Cuando nada vale

Cuando todo lo aborreces

Cuando nada sirve

Cuando todo es malo

Nace el poema

Mr. G.

Cosas del viña.

Recuerdo un mar de tiendas quechua. Y un pequeño rio vacío, que poco a poco se fue llenando de mierdas variadas. Recuerdo un puente que cruzaba el rio, por el que acedias a otro sector del camping. A cinco metros del puente, en el borde del rio, un árbol. Dos grandes ramas, caídas, del árbol, cruzaban el rio.

Recuerdo verla sola. Aprovechando las ramas caídas de un árbol para pintar el puente que tenía enfrente. Me acerque a saludarla. Y salí del caos, aunque este me rodease. Ella sonreía. Yo respondía a su sonrisa con la mía. Empezamos a hablar. Yo estaba muy nervioso. Y creo que algo borracho. El caso es que ya la conocía de antes, de coincidir alguna que otra noche. Tenemos colegas en común. Ya había hablado con ella antes, y tenía mucha curiosidad por tener una conversación larga con ella. Y flipe. Os juro que flipe. Una artista, de las de verdad. Amante del rockabilly, del buen rockabilly.  Pintaba en una libretita marrón, bastante guapa. Tenía una de sus manos dentro de una bolsa de plástico, que usaba de paleta. Pintaba acrílico. Me dijo que le encantaba la poesía, en especial la de Neruda. Yo le dije que escribía, y le pregunte si quería leer algo. Respondió que sí. Salí corriendo a por mí libreta. Estaba en la tienda de campaña de una colega. Y cuando regrese ella seguía hay. Se la enseñe, la ojeó y me pidió que le leyera algo. Lo hice, pero entre mi afonía, mi mala letra y la vergüenza, no fue un gran recital. Después escribí un poema y se lo dedique. Lo leyó. Le gusto. Y me ofreció retratarme. Accedí. Me costó mantenerme quieto. Ella me miraba y sonreía. Yo  flipaba. Tenía una sonrisa muy bonita. Muy muy bonita.

-Eres muy guapo.

Y me puse más nervioso. Quise decir:

-Tú también.

Pero mi cerebro estaba embobado con su sonrisa.

Seguimos hablando mientras me retrataba. Un palique cojonudo, de los mejores que he escuchado. Hablábamos de todo y de nada. Y acabo el retrato.

-No te pareces nada.

Dijo, y su voz me atrapo.
Vi el retrato. Y si se parecía a mí. Y ella dijo:

-Vamos a subirnos al árbol

Subir a los arboles ha sido mi pasión desde que era un renacuajo.

-Vamos

Ella subió primero. Y cuando estábamos los dos encima del árbol, nos miramos y nos besamos. La agarre de la cintura…

Era increíble. Disfrutaba con cada beso. Con cada caricia. Sin prisa. No quería que acabara nunca. Estaba en el paraíso.

Bajamos del árbol. La abrace y me tire al suelo, ella callo encima mía. Se reía. Nos volvimos a besar.

-¿Tienes tienda?

Le pregunte.

-Sí, pero están mis amigos

-Joder

-¿Y tú?

-No

-Bueno. Quedamos aquí a las cuatro y media, que mis amigos se van a los conciertos.

-Perfecto

Y seguimos besándonos. Sobándonos. Un rato más. No quería separarme de ella. Pero tuve que hacerlo. Antes de irnos me volvió a preguntar

-¿A las cuatro y media aquí?

-Claro.

Y aún sigo arrepintiéndome de llegar a las cinco menos veinte.

Mr. G

Anochece que no es poco.

La agarre de la mano.

-Sígueme

-¿A dónde?

Pero no respondí. Se había acabado el litro. Ella era preciosa. Y morena. Y andamos solos, hablando de libros, poemas, porno y psicología. Sonreíamos. Ebrios. Y llegamos. Un parque precioso, con un césped verde puro durante el día, durante la noche parecía una alfombra. El parque tenía muy pocos arboles y sus raíces sobresalían del césped. Jugamos en ellas como niños. Nos tiramos al césped. Rodamos. Reímos. Como niños. Paramos, nos miramos y nos besamos. Nos mordimos. La bese el cuello. Llegue a su oreja, recite un párrafo de panero, susurre un párrafo de panero. En su oreja. Mientras le tocaba una teta. Mientras le acariciaba una teta. Y acabamos follando. Y cuando iba a correrme se le cayó la cabeza. Los brazos. Las piernas. Había mucha sangre y llego la policía.

Me desperté sudando. Recogí y me fui a clase.

Mr. G

Ahora me importa una mierda.

.

.

.

.

Que me voy pa Alicante el sábado.

Que me voy el viernes.

Que ya es viernes.

Que tengo 20 pavos.

Que litros.

Que a esperar en Sojo.

Que al final no me voy a Alicante.

Que me quedo.

Y pa mariano.

Éramos muchos para ser pocos. Y pocos para ser muchos. Y teníamos ganas de juerga. Yo en concreto de juerga en privada. Con cierta persona. Pero no. Sabes que no cuando estas con ella, acariciándola mientras duerme. Mientras duerme la mona. Tras haber potado. En ese momento te das cuenta de que no. Que no la besaras.  Que no hay futuro en tu fantasía. ¿Y que más dará?

Una calada mas a ese piti. A ese porro. Un esquinazo mas. Un trago mas.

Y llamas  al camello porque no se quién quiere medio de farla. Y el camello que viene. Pero no trae farla. No sé quién no pilla y nosotros pillamos una de M con forma de corazón. Porque sí. Porque metemos tres cuartos en un kali. Porque mezclamos un cuarto con speed. Billete de 5. Enrollado. Esnifado. Cada uno su parte. Daba igual el dinero. Aunque discutiésemos por ello. Daba igual. No importaba. Nos lo metíamos todo a partes iguales entre los que queríamos meternos. Y poto ella. Y otra de su tierra. Y la tengo a mi derecha. Y voy  a ver qué pasa. Aunque me temo que llegare tarde.

Y ni tarde ni pronto. Digamos que no llego. Que todo se queda en la fantasía. ¿Y que más dará? Se supone que queda speed. Pero queda poco. Bastante poco. Y da igual. Ahora todo me importa una mierda. Como a Arpaviejas. Cuando te das cuenta de que no, que pasa de tu cara. Y entonces la sonrisa pícara aparece en mi cara. Soy libre y estoy cabreado. ¿Qué más se puede pedir?

Pues puedo pedir que no vengas a sacarme a bailar.

Que me beses.

Que pases un rato conmigo. Un rato largo. Un rato a solas.

Mr. G

Cupido sigues siendo un hijo de la grandísima puta.

El día que la conocí nunca imagine que todo esto pasaría, a pesar de que llamo mi atención en cuanto estuve con ella. Fue poco tiempo. Me tuve que ir enseguida. Tenía que entrar a clase. Nunca se me olvidara.  Todo fue muy rápido. Y raro. Y bonito. No me lo creía. Me fui acercando a ella poco a poco. Tenemos colegas en común. Colegas que no me caen, la mayoría, muy bien. Pero empecé a pasar más tiempo con ellos, aunque me jodiese merecía la pena. El poco tiempo que conseguía pasar con ella cerca se había convertido en mi razón para levantarme por las mañanas. Para ir a sitios estúpidos como, por ejemplo, el instituto. Y con el paso de los días había más y más confianza entre los dos. Hasta que quedamos una tarde. Los dos. Solos. Fue increíble. Dimos vueltas y vueltas por la ciudad, a pesar de que odio caminar. Estuvimos mirando ropa. Ropa para mí. Para mi nuevo aspecto, cosa que hasta esa tarde nunca me había interesado. Estuvimos en museos. Y en vez de potar con las teorías de los críticos de arte sobre el significado de las obras, disfrute al escucharlas. Me acompaño a mi casa. Y ella se tuvo que ir. Pero quedamos en volver a vernos al día siguiente. Y al día siguiente nos vimos. Y al siguiente también. Y al siguiente. Fue entonces cuando mi vida dio un giro de 180º. Nos fuimos juntos al centro, de tascas. Sin mis colegas. Y fue bestial. Una locura. Por la gente que conocimos. Por lo que vimos. Por lo que hicimos. Porque decidimos casarnos e irnos a vivir juntos. Porque, aunque solo habían pasado dos meses desde que nos conocimos, no podíamos vivir separados.

La luna de miel fue algo tan íntimo, tan mágico, tan perfecto, que, como pareja, preferimos que nadie sepa nada de lo que paso. Ahora Llevamos unos dos meses viviendo juntos. La casa esta echa una mierda. El frigorífico vacío. No hay ni un jodido plato que no esté roto. Vendimos la cubertería de plata. Los 6 vasos que tenemos los usamos de cenicero. Apenas hay muebles. Y los pocos que hay están hechos un asco. En el suelo hay de todo: Condones usados, colillas, botellas de cerveza, vino, vodka, ginebra, ron, wiski, tequila, absenta. Todas vacias. La mayoría rotas. Nuestra relación se basa en estar el uno junto al otro. Sin hablarnos. Sin movernos. Como ausentes. Pero juntos. Pues a pesar de todo aun nos amamos. Aunque nuestra relación no la apruebe nadie de mi familia, ni de mis amigos. Y estos mismos hacen lo imposible porque lo dejemos. Y cada vez que me consiguen convencer pasa lo mismo. Nada más verla le digo: Vengo a dejarte, pero no puedo. Te necesito. Te quiero.

Por cierto, se me ha olvidado deciros el nombre de mi preciosa amada: Droga.

Mr. G