Creo que…

​Creo que no se amar

Digamos que no se amarme

Que por eso mi cama huele como                                                       siempre

A mi

A mi sudor

A mi semen

A mis pies

Y por eso dejo que los dias pasen

Y cada finde intento aprender

A amar

A amarme

Pero bebo demasiado

Y se me olvida

Y a la mañana siguiente

Mi cama huele a mi

A mi sudor

A mi semen

A mis pies

Mi movil sabe amargo

Y me duele la cabeza.

Mr. G.

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Cosas del Trap.

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Estas tirado en el piso. en tu sillón. rodeado de los pocos que te quedan en la squad. esperando a que las raxetas vengan con mas spice, un par de botellas de champan caro, algo de coca y, por supuesto, un par de cajas de codeina. Estáis sentados alrededor de una mesa. sobre la mesa hay varios frascos herméticos de unos 50 litros. llenos de yerba. y cuando digo que hay varios me refiero a unos veinte o treinta. Y cuando digo yerba me refiero a yerbas. en cada frasco hay  una raza de yerba distinta. Verdes, marrones, violetas e incluso una roja, cosa que os sorprendió cuando os la trajeron. También hay un par de pesos. Varios saleros medio llenos de cocaina. Un par de botellas de ron. Y otras tantas de wisky. Lo mismo con las de vodka. Es el momento de añadir que la mesa no es pequeña. tampoco barata. En una de las paredes, no recuerdo cual, hay un Picasso. Lo sorprendente es que fue un regalo. Que a su vez habría sido otro regalo. Así hasta llegar al gilipollas que paga las deudas con cuadros de Picasso a un camello que no sabe quien es Picasso pero si lo que cuesta uno de sus cuadros.

Así esta el panorama. Tu no piensas en nada. Solo fumas del bong. Tu máxima preocupación es mantenerlo siempre cargado. Y de vez en cuando atender una llamada. colgar. posturear veinte o treinta gramos de coca o preparar un par de kilos de yerba. o las dos cosas. y seguir con tu bong. calada tras calada. de vez en cuando cambias de yerba. o te metes una ralla. quizás varias. Tampoco es nada raro. es martes. no tienes nada mejor que hacer un martes a las cinco de la tarde. solo esperar a que sean las diez o así. y que la fiesta empiece de nuevo. Las raxetas tardarían en volver. no les llevaría mucho conseguir el champan, la coca y el spice. Pero la codeina… no es difícil, pero es lento  de cojones. no puedes comprar varias cajas en una farmacia. Y menos de golpe. bueno, si puedes. Necesitas no seque receta. pero eso ya no te sirve. no quedaba farmacia a menos de una hora con la que no la hayáis usado. Y no os volverán a vender ni un puto frasco en por lo menos dos años. por lo que es mucho mas fácil, barato, pero no rápido, hablar con este para quedar con aquel y que te de el numero de no se quien que te dará la dirección de algún machaca al que podrás comprarle frascos para pasar cinco años sin toser un puto día. Tendrias suerte si os duran mas de dos semanas. Lo mismo para el machaca.

Esa es la imagen que tengo de ti cada vez que voy a verte. la expresión de tu cara me dice: te puedo hacer un jodido abrigo de billetes morados. tengo la polla roja de tanto follar. la droga me sale por las orejas y la cárcel esta mucho mas lejos que la muerte. lo que se resume en: Lo conseguí.

Pero no. cada vez que voy a verte estas en el parque. Con un par de canutos, si as tenido suerte ese día. Y no estas callado. Hablas. Y mucho. Pero solo sabes hablar de que te vas a hacer rico. De que la yerba te va a salir por las orejas. De que se te va a caer la polla a pedazos. Y así día tras día. Año tras año. A veces cambias de banco. Otras veces de parque. Según el día, de camello. De vez en cuando cambias de peinado. De zapas. Incluso de móvil. Pero poco mas.

Nos vemos.

 

Mr. G.

Posdata: Toyaco el que no se cosque del guiño a Miedo y Asco en las vegas.

Noches de desenfreno. Poemas al desamor. Ausencia de coca. parte 1

Impulso creativo

en barras de bares

la mierda de un perro

que cuelga del techo

ese cura y ese niño

ese pecado

perdonado

dos ave marias

y cuatro padres nuestros

recorriendo tu cuerpo

a besos

el exceso

de la luna

los poemas

que no leerás nunca

me los quedo

puta

quedate con el resto

mis versos son mios

arrancamelos del pecho

seguiran siendo mios

Mr. G.

Amsterdam

 

 

Hacia tiempo que quería ir a Amsterdam. Al principio lo que me atraía era el tema de los cofeshop. Pero la cosa cambio cuando abrieron una aso en mi barrio. Lo de estar encerrado en un garito fumando porros (y lo que no son porros) mientras bebes una cantidad importante de cerveza y pasas horas y horas jugando a la play tres y al ajedrez, paso de algo excepcional a algo cotidiano. Demasiado cotidiano. En fin, lo que verdaderamente me llevo a comprar un billete de avión barato directo a la capital de los países bajos fueron las setas y las putas de escaparate. Y que mi colega villazon, al que llamaremos cohelo, se había ido a vivir hay no hace mucho, y cada vez que hablábamos no perdía la oportunidad de describirme con detalles lo cojonudas que son las fiestas por esos lares.

Bueno, a lo que íbamos. Imprimí mi billete, pille un blabacar a alicante y tarde dos horas en embarcar. Iba bien preparado. Me comí medio transilium nada mas sentarme. Odio viajar despierto, me planteo el suicidio después de la primera hora de viaje. Siempre. Nunca falla. Asique trague la media pastilla y me acomode. No pasaron ni diez minutos cuando un tío de entre treinta y cuarenta años se sentó a mi lado. Otra cosa que odio es hablar con los desconocidos que se sientan a tu lado en los viajes.

-Buenas, me llamo Antonio.

-Damian- respondí intentado no sonar muy borde pero sin llegar a dar pie a continuar la conversación. No debí hacerlo muy bien

-¿Y a que vas a Amsterdam, Damian, a visitar a algún familiar?

-Voy a ver a un colega

-Eso esta muy bien- Joder el tío hablaba como si fuera un profesor y yo un niño bueno de primaria. Y lo peor es que el puto interrogatorio siguió.- ¿Y que piensas hacer?

-Pues mi intención es incharme a comer setas y coños, ¿Y tu?

Antonio no respondio. Antonio aparto la mirada muy muy serio. Antonio saco una biblia y no volvió a abrir la boca en todo el viaje.

Yo no tarde mucho en dormirme.

Me desperté justo diez minutos antes de aterrizar. Para mi grata sorpresa Antonio no había perdido la oportunidad de cambiarse de sitio.

Llegue a casa de cohelo a las diez de la noche.

-Deja las cosas y vámonos. Esta noche promete.

Deje las cosas y coji mi cartera. Cohelo tenia un contacto de speed que estaba cojonudo. Muy muy cojonudo. Fuimos de bar en bar bebiendo como descosidos. El acababa de cobrar porloque mi presupuesto no descendió demasiado esa noche. Yo apenas se hablar ingles y mucho menos holandés, asique mis intentos de ligar se resumieron en decirle a todas las tias que me miraban like my dick? O you like fucking me? Follar no folle, pero las risas no faltaron. Y casi me como un par de ostias de algún novio indignado, pero ¿acaso no es esa la sal de la vida?

La noche acababa. Yo yo estaba cachondo perdido. Necesitaba meterla.

-Cohelo, hijo de puta, deja de llevarme a bares y discotecas de mierda y llévame a alguno de esos puticlubs del jodido barrio rojo.

Y me llevo. Antes de entrar estuvimos media hora molestando a las putas de los escaparates. Si el dueño no llega a ser colega de cohelo nos hubieran dado una paliza. Alguien salía justo cuando entrabamos. Mi queridísimo compañero de viaje Antonio. Bueno, al parecer no era el único del avión que iba a amsterdam por placer.

Mr. G.

Cierre

Bailaban al son de un blues. La okupa estaba a rebosar. Y el vino no se acababa nunca. Bebían. Bailaban. Bebían. Bailaban. Y de vez en cuando hacían una visita a la mesa y se empolvaban la nariz.

—El speed esta cojonudo— dijo el

—follemos— dijo ella

Y subieron a la parte de arriba. No perdieron el tiempo buscando el sofa mas comodo. Ni el mas grande. Se lanzaron al primero que vieron. Se quitaron la ropa a bocados. El saco su vieja polaroid de la mochila. Le encantaba fotografiarla desnuda, en esas posturas imposibles que tanto le gustaban a ella. Después de la sesion fotografica estuvieron como una hora follando. Terminaron. Se vistieron y bajaron y continuaron disfrutando del concierto. Bebiendo. Bailando. Bebiendo. Bailando. Esnifando. Bebiendo. Bailando. Bebiendo. Bailando. Serian las tres de la maña, el concierto acabo y la okupa se vació. Salieron de la okupa, de los últimos en irse.

—vamos a pintar— dijo el

Ella asintió y siguieron caminando, buscando el lugar adecuado. En la calle no había nadie, excepto ellos, la luna, y algunos gatos. A diez minutos de la okupa encontraron el sito perfecto. El cierre de un bajo que estaba en venta. Sacó las latas. Un harcore azul y un noventaycuatro rojo. Se escondió para agitarlos. Le puso las boquillas, las probo y fue directo al cierre. Marcar, rellenar, trazar, foto e irse. Siguieron andando hasta la casa de ella. Subieron. Se desnudaron. El volvió a sacar su vieja polaroid…

El oficial Paco y su compañero Luis pararon frente al cierre de un bajo que estaba a la venta. Luis bajo, toco la pintura, se acerco al coche.

—Esta fresca.

El oficial Paco alzo la mirada, pero no había nadie en toda la avenida.

—No esta cerca. Hazle foto y vamonos.

Luis izo la foto. Se monto en el coche patrulla y Paco arranco.

Mr. G

Ni nada

Hay una pota en la esquina

flotan macarrones

a medio masticar

Hay borrachos y borrachos por todas las aceras

hablan de nada

rien por nada

se preocupan por nadas

Estoy yo en medio de toda esa nada

empapado hasta las trancas de decadencia

de vodka

de ginebra

Y no puedo evitarlo

voy corriendo a buscarla

y no a buscarte como antaño

necesito una raya

y no miradas cómplices

ni besos fantasmas

ni correrme en su boca

ni nada.

Mr. G.

 

El poema que le debía a tus ojos.

Los días pasan y pasan
Esas dos bolas azules
Se alejan
Y los recuerdos
Son cada vez mas recuerdos
Y menos táctiles
Y menos dolorosos
E aprendido a olvidar rápido
A hablar como un tonto
A pensar como un tonto
A no llorar por una sonrisa
Y dos ojos
Cosa de los años
Pero todo se repite
Y en su cama ya no quedan manchas
Ya no hay restos de mi lefa.

Mr. G.